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Caperucita y el detective - Capítulo 11

  • Foto del escritor: simmersomar
    simmersomar
  • 9 mar 2023
  • 5 Min. de lectura

Scarlett y Erik llegaron finalmente a la cabaña que les habían prestado los reyes por ser «recién casados» y necesitar privacidad… pero cada uno pensaba en sus cosas.


Erik seguía atormentado por la idea de buscar a la novia de turno del príncipe y no al otro príncipe, el que tenía cinco años perdido. Scarlett estaba frustrada porque había ido a buscar la carreta-taxi que la llevaría por fin a Villa Magnolia, a casa de su abuela, y le habían dicho que no estaban viajando hacia ese pueblo. Por lo visto el invierno se estaba adelantando y en el camino hacia Villa Magnolia nevaba demasiado y no era seguro. Habría que esperar unos días por si el invierno se daba cuenta de que no era su turno todavía… pero bueno, si Scarlett tenía tanta urgencia de viajar se podría intentar a cambio de unos 1500 simoleones.

«¡Qué dolor de cabeza!», se quejó Scarlett


«¡Y de pies!», chilló Erik


«Ha sido un día espantoso…»


«¿Qué no era el mejor día de tu vida con lo de conocer a los reyes y eso?»


«También. Es el mejor día de mi vida con momentos espantosos. Nunca voy a llegar a Villa Magnolia… este viaje está maldito»


«Creo que hay algo que no estás viendo», soltó Erik haciéndose el gracioso


«¿Qué?»


«Tendrás el honor de pasar más tiempo conmigo»


«¡Ah, claro! Supongo que mi muerte por disentería se pospone»

Entraron a la cabaña. Era pequeña, pero muy acogedora.


«Bienvenida a casa, señora Longcrow», dijo Erik con cortesía exagerada


«Ay, por favor, todos sabemos que serías tú quien llevaría mi apellido. Erik Hood»


«Tengo un amigo llamado Robin, Robin Hood. ¿No me digas que lo conoces?», dijo Erik mientras reía


«Ni idea. ¿Qué hace tu amigo?»

Erik dudó… Mejor no decirle que el rey de Willow Creek lo tenía catalogado como un forajido bandolero.


«Restaura objetos y los revende. Muy buena gente, además, suele donar parte de las ganancias a los pobres…»

Scarlett recorrió un poco la pequeña cabaña, pero Erik, que estaba agotado, se fue directo a la habitación. Cuando nuestra chica apareció le dijo:


«Bueno, señora Hood, como era de esperarse hay solo una cama, Elige tu lado…»


¿Para qué mentir? Scarlett se sonrojó, pero no dejaría que eso la detuviera.

Se giró hacia él y se acercó lentamente. Erik se fijó nuevamente en esos ojos morados… es que sí, tenían que ser… no eran normales… Eran…


«¿Sabes?», dijo ella e interrumpió sus pensamientos


Le tocó el pelo ligeramente y se acercó más. Nuestro detective no se esperaba nada de esto…


«Hay otra habitación con una cama para ti solito. Así que te largas para allá, por listo», soltó Scarlett y se echó a reír

Erik sonrió. Se dio cuenta de que se alegraba de que la chica se quedara unos días más… la verdad es que la iba a echar de menos cuando se fuera.


«Como desees», dijo y salió de la habitación

Al día siguiente desayunaron en el jardín. Sí, sí, tenían una mesa en el jardín. Cosas de ricos o cosas de Windenburg, nunca lo sabrían.


«¿Entonces por donde empezamos?», preguntó Scarlett

Erik dio un mordisco al pan y tardó en contestar.


«¿Empezamos qué?», dijo finalmente


«Nuestro entrenamiento para unirnos al circo. ¡La investigación! Buenos, LAS investigaciones»


«¿Te has tomado en serio lo de ser mi asistente?»


«¿Por qué no? Y bien podrías pagarme y así podría completar el dinero para llegar antes a Villa Magnolia»


«Señora Hood, los reyes no me han dado un céntimo. Solo pagarán si encuentro a la novia del señor príncipe… y si encuentro al otro hijo… ¿Sabías que hay una recompensa para quién lo encuentre?»


«Pues claro. En fin… cuando encontremos a la chica podrías pagarme mi parte…»

«¿Y si tardo seis meses en encontrarla?», preguntó el detective con sarcasmo


«Tardamos, somos un equipo. Y si son seis meses me temo que te despedirán… sería demasiado»


«Nos despedirán, querrás decir», corrigió Erik


«Eso», dijo ella y se rio. «Entonces, ¿por dónde empezamos?»


«Lo del Príncipe Perdido prefiero esperar a que hablemos con el hermano. Lo de la novia… dímelo tú, que eres tan lista»


«Gracias por el cumplido, aunque sea irónico. Mmmm… pueees… a ver… tienes la lista de invitados, pero si la chica huyó no creo que sea de mucha utilidad ir de casa en casa preguntando ‘¿Ha perdido usted una zapatilla de cristal?'», explicó Scarlett


«¿Por qué no?», preguntó Erik no con curiosidad sino para ponerla a prueba


«Porque cualquiera puede decir que era suya… o todos podrían negarlo. Si la chica huyó fue por algo…»


«Scarlett, las investigaciones son como las cebollas. Tienen capas. La primera capa es la identidad de la muchacha y su paradero, poco a poco iremos quitando capas y llegaremos a lo que dices… la razón por la que la chica huyó… aunque a veces el orden de las capas cambia, ya verás»


«Pero mírate, hablando en plural…»

Erik sacó la lista de invitados y una especie de cuaderno futurístico y empezó a escribir en una hoja.


«¿Qué haces?»


«Apuntar los nombres de los invitados que asistieron con damas ‘casaderas’. Sí que iremos a verles… aunque no todavía. Primero iremos al posible origen… ¿Sabes cuál es?»


«Mmmm… pues no…», dijo Scarlett. No tenía ni idea a qué se refería


«¿Qué sabemos de la chica?», le preguntó Erik


«Que huyó y dejó una zapatilla de… cristal…», el rostro de Scarlett se iluminó. «¿No me digas que vamos a ir a la fábrica mágica de zapatillas de cristal?»


Erik sonrió.


«Vamos a visitar al zapatero. Ya me dirás si este encaja más con tu amiga Clara que el de Glimmerbrook»

Erik y Scarlett llegaron a la tienda de Crispín, quien era uno de los zapateros más populares de Windenburg. Según había averiguado Erik, era el que hacía los zapatos de la realeza y los ricos… si alguien tuviese que fabricar una zapatilla de ‘cristal’ probablemente sería él.


Crispín les dio la bienvenida pero dijo que actualmente estaba muy ocupado y sus encargos no estaban abiertos. Debían esperar a primavera para pedir algo…


«No es eso, Crispín… bueno un poco sí, pero no. Verá, usted, mi hermana aquí presente está MUY interesada en obtener un par de zapatillas de cristal. ¿Cierto, Carmen?»


«¿Su hermana? ¿Cómo pasé de esposa a hermana?», pensó Scarlett. Sonrió y dijo: «Sí, sí, tengo un baile muy importante en Villa Magnolia en primavera y me han dicho que las zapatillas de cristal son la última moda. ¿Usted las hace?»


Crispín puso cara de ‘¿Qué me están diciendo estos locos?’

«Lo siento, señorita Carmen, pero quien le haya dicho eso la ha engañado. Es imposible hacer… bueno, llevar puestas zapatillas de cristal. Se romperían por el peso y sería una tragedia para sus pies»


«Más adoloridos de lo que ya están… no sé si es posible», dijo Scarlett por lo bajo


Erik carraspeó.


«¿Nunca ha oído hablar de las zapatillas de cristal? Tal vez algún otro zapatero pueda decirnos algo entonces…», empezó Erik


«Cualquier zapatero que se respete le dirá que eso es absurdo, señor. Si realmente existen zapatillas de cristal que puedan llevarse como un zapato normal, le aseguro que no son comunes… probablemente tengan algo de magia. Yo puedo fabricar las zapatillas, pero deberán buscar a alguna bruja o brujo que las encante…»

El zapatero parecía incómodo con esta última frase… Justamente sus ojos brillaron de una manera diferente. La tienda estaba un poco oscura, pero Erik notó los ojos del hombre. No eran de un color tradicional… eran rojizos… ¿Pero qué pasaba últimamente?


«¿Y conoce usted a alguna bruja o brujo que pueda ayudarnos?», preguntó Scarlett


«Por supuesto. Está Odelgarde. Vive en la casa de una torre pequeña, al otro lado del río. Si ella puede encantarlas vuelvan en primavera y acordamos su fabricación», explicó el zapatero


«¡Muchas gracias! Voy a ser la envidia de Villa Magnolia», dijo Scarlett haciéndose la pretenciosa


«A ver si así por fin encuentras marido y me dejas en paz, hermanita», soltó Erik


«A ver si tú encuentras esposa y me dejas a mí en paz», replicó Scarlett

«Un placer, Crispín. Gracias por las recomendaciones», dijo Erik


«Ustedes no son de por aquí ¿verdad?», preguntó el zapatero


«Somos de Newcrest, pero decidimos pasar el invierno aquí. Mi hermana ya no encuentra pretendientes en Newcrest, los ha espantado a todos. Así que decidimos expandir nuestros horizontes», le contó Erik. El condenado era un gran actor

«Mi ‘hermano’ aquí presente está desesperado por que me case. Supongo que no quiere que llegue a su edad y sea una solterona, como él», dijo Scarlett


El zapatero sonrió. Estos dos estaban locos.

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