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Caperucita y el detective - Capítulo 21

  • Foto del escritor: simmersomar
    simmersomar
  • 12 mar 2023
  • 9 Min. de lectura

Llegó finalmente el día del ritual que las brujas habían prometido. Tal como dijeron se realizaría después de la luna llena. La idea era invocar a un hada conocida por Odelgarde, por si ella sabía algo de la famosa zapatilla de cristal y podía guiarnos a la chica que la llevaba en el baile de máscaras de los reyes.

A Erik no le hacía nada de gracia volver a ver a las brujas. Había ido a hablar con ellas la tarde anterior por el tema de las famosas palomas de oro… Básicamente a pedirles que se las devolvieran, a cambio de dinero, claro… y un recibo para la reina. Odelgarde había dicho que sí, pero la tal Úrsula, la color brócoli, había dicho que estaba muy apegada a las palomitas y que si las quería de vuelta tendría que hacerle unos cuantos favores. Para hacer el cuento corto, a nuestro melenudo detective le tocó ser el chico de los recados de Úrsula durante toda la tarde y casi toda la mañana de hoy. ¡Y aún no le había devuelto las palomas del demonio!

Scarlett, por su parte, estaba emocionada. Nunca en su vida había visto un hada y no sabía si sería como las de los libros que había leído o totalmente diferente. No tenía ni idea de qué esperar, pero estaba contentísima. Aunque el melenudo estaba raro otra vez… Claro, lo que nuestra chica no sabía es que Erik la había escuchado hablar con No sé, el sapo… Y eso tenía a nuestro Erik un poco… alterado… eso sumado a lo de la bruja que lo vacilaba con lo de las palomas hacían que su moodlet principal fuera el de tenso y a veces enojado.

Se acercaron a las brujas, quienes estaban cerca de una curiosa fogata de fuego verde. Erik saludó y sonrió de paso a Odelgarde, pero su atención estaba realmente en la bruja verde.


«¿Has traído las palomas, Úrsula, o necesitas que te ayude en algo más?», le preguntó con la poca paciencia que le quedaba


«Ahora que lo dices, bien podrías pulirme el plumbob», respondió la bruja con una sonrisa perversa


«¡Úrsula!», chilló su hermana sorprendida


«¿Qué? Le hace falta pulirse. ¿No te acuerdas que hace poco tuvimos el bug del plumbob negro?», replicó


«¡Devuélvele las palomas, haz el favor!», siguió Odelgarde

Úrsula suspiró y sacó las palomas del inventario.


«Aquí están… ¿Cuándo me pules el plumbob?», preguntó y se echó a reír


«En tu vida», murmuró Erik y guardó las famosas palomas; le dio el dinero a Odelgarde por el ritual y ella le entregó el condenado recibo para la reina

El melenudo miró a Scarlett de reojo. Ella estaba ocupada fingiendo que solo le importaba calentar sus manos al fuego, pero pudo ver que se le escapaba una sonrisa.


«¿Pero qué es esto?», se preguntó a sí mismo. «Deja de buscar todo el tiempo su aprobación… esta muchacha, que habla hasta con ranas, digo, sapos…»

«Ya sé que creen que lo del plumbob es una broma, pero lo digo en serio… se nos puso el plumbob negro. Dicen que la Señora que nos controla tuvo que reparar el juego», contó Úrsula


Scarlett, Erik y Odelgarde la miraron en silencio.


«Úrsula, hay bugs de sobra…», dijo Odelgarde y resopló


«¡Ah, pero es que yo creo que es más que un bug!», dijo la bruja verde con su voz más misteriosa

«El velo entre los mundos se está atenuando», siguió. «Se siente en el ambiente… el velo se afina y los que ya no están con nosotros se manifiestan. Pasa a finales del otoño. ¿Sabían? Marca el comienzo de la época oscura del año sim. Por eso se nos ennegreció el Plumbob…»

«¿Y eso qué significa exactamente?», rio Erik. «¿Saldrán los fantasmas a perseguirnos?»


«Es la fecha para honrar a los que se han ido con La Parca. El ‘velo’, como dice mi hermana, se hace más fino, por lo que la comunicación con el llamado ‘más allá’ tiende a ser más fácil. Pero eso nada tiene que ver con el plumbob negro», explicó Odelgarde


«¡Que sí!», replicó Úrsula


«¡Que no!»


Finalmente las brujas dejaron de discutir y dijeron que era hora de comenzar el ritual, pues ya había oscurecido lo suficiente.


«Tal como prometimos… aquí estamos, después de la luna llena», Úrsula sonrió


Se acercaron al círculo que habían preparado las brujas.


Cada bruja se colocó a un extremo del círculo, extendieron los brazos, cerraron los ojos y levantaron el rostro hacia arriba. Scarlett se esperaba que recitaran una especie de encantamiento en una versión muerta de simlish, pero eso no ocurrió… Más bien el ambiente se puso tenso y frío.


Definitivamente había energías en movimiento…

Los nervios y la expectativa invadieron a Scarlett y sin darse cuenta hizo lo que le parecía más natural: sostener la mano del melenudo.

Nuestro querido melenudo no se esperaba para nada la reacción de Scarlett. Curiosamente se sintió reconfortado y la rabia que sentía por todo el tema de ser el chico de los recados de la bruja brócoli empezó a desaparecer. Le sonrió y ella devolvió la sonrisa. Sus ojos morados brillaban como nunca.


De pronto se escuchó un grito lejano… que curiosamente cada vez se sentía más cerca. Como sabemos, aquí las grandes entradas de los personajes preferimos mostrarlas que describirlas:





El hada cayó en medio del círculo con un ruido seco que iba acompañado de sus gritos. La pobre miró a su alrededor: velas, círculo, pentáculo… ¡BRUJAS! ¿Qué más podía ser?

Se levantó tan rápido como pudo y se quedó sorprendida al ver a Odelgarde.


«¡Pero qué…! ¿Qué me has hecho, Odelgarde?», gritó el hada. Tenía una voz chillona un poco insoportable


Erik la reconoció al instante. ¿En serio? ¿De todas las hadas del mundo tenía que ser Síofra el hada que conocía Odelgarde? (Por cierto, su nombre se pronuncia así)


«¿CÓMO SE TE OCURRE USAR TU MAGIA CONMIGO? ¡¿HAS PERDIDO LA CABEZA?!», chilló aún más enfadada


«¡Cálmate! Necesitaba hablar contigo. ¿De qué otra forma podía contactarte? Nunca contestas mis cartas», replicó la bruja


«¡¿PERO QUIÉN TIENE TIEMPO PARA CONTESTAR CARTAS?! ¡CASI ME MATAS! ¡ESTABA OCUPADA! ¿ME OYES? ¡OCUPADA! ESTABA A ESTO DE ENTRAR A UN ARBUSTO CON UN ELFO Y ¡PUUUUUM! DE PRONTO ESTOY AQUÍ VIENDO TU CARA»


«Síofra…», empezó Odelgarde, pero el hada se giró y vio a Úrsula

«¡AAAAAAH!», gritó nada más verla. «¡Por lo furros, digo, los lobos! ¡Eres… verde! ¿CÓMO ERES VERDE?»

El hada se acercó a Úrsula e intentó tocarla, pero la bruja se echó hacia atrás.

«Es que parece pintura mal aplicada… ¿Es real o te has maquillado por las risas? ¿O es que hay una fiesta de disfraces?», rio Síofra

«¡Fue un accidente con una poción! ¿Cómo va a ser pintura?», chilló Úrsula. «Además, ya se está aclarando…»


Erik y Scarlett, quienes habían permanecido en silencio y en sorpresa (esto último Scarlett especialmente), se miraron. Úrsula estaba tan verde como la última vez que la habían visto…


«JAJAJA», se rio Síofra. «¡Accidente! ¡Esto tiene pinta de torpeza!»

Dicho eso el hada se giró. Erik ya se esperaba lo que venía…


«¡AAAAAAAH!», gritó de nuevo el hada y dejó sordos al resto. «¡ERIK LONGCROW! ¿PERO QUÉ HACES TÚ AQUÍ?»


Los oídos del melenudo retumbaban.


«¡TRAMPOSO! ¡MENTIROSO!», le gritaba el hada. «¿Qué es todo esto? ¡Odelgarde, no me digas que te has confabulado con esta bola de pelos para traerme aquí! ¡TE VAS A ARREPENTIR!»

«¡CÁLLATE!», rugió Erik al hada. «Déjame hablar…»


Scarlett estaba sorprendida y decepcionada… El melenudo parecía conocer a medio mundo. A saber lo que le había hecho al hada voz de corneta.


«¡NO, NO, NO, NO!», seguía chillando el hada. «Me lleva La Parca… a mí me va a dar algo… ¡Que me da! ¡Me da!»


«Síofra, por favor, te invocamos porque necesitamos tu ayuda… Odelgarde dijo que conocía a un hada, pero yo no sabía que serías tú. ¿Qué no estabas en Sulani?», preguntó Erik


El hada suspiró.


«Por supuesto, pero bien sabes que soy un espíritu libre… No me quedo mucho tiempo en un solo lugar. ¡Señora que nos controlas, santa! ¿Cómo me haces esto? ¿Qué quieres de mí, Longcrow? ¡Tramposo, traidor!»


Scarlett resopló. ¿Qué le había hecho el melenudo al hada?


Esto hizo que el hada notara su presencia y se acercara a ella.

«¡AAAAAAYYYYYY!», volvió a chillar Síofra, pero esta vez parecía contenta. «¡¿Pero qué tenemos aquí?! ¡Perdóname! Me llamo Síofra de la Campana. No quiero parecer entrometida, pero ¿QUÉ HACES CON ESTA BOLA DE PELOS TRAIDORA Y ESTE PAR DE BRUJAS ENTROMETIDAS?»


Scarlett se quedó blanca…


«Ehh… me llamo Scarlett Hood…», empezó nuestra chica


«¿Hood? ¡Nunca había escuchado a un hada con ese apellido! ¿O es que es tu apellido humano? ¿Eres híbrida, no?»


Se hizo el silencio mortal. Ese silencio que es prácticamente palpable.

Scarlett sonrió incómodamente.


«Ehhh… no, yo no soy una… ¿Cómo has dicho? ¿Híbrida? No soy un hada…»


La risa aguda de Síofra retumbó en los oídos de todos los presentes.


«JAJAJAJA ¡No me engañas! ¡Esos ojos! ¡Y hueles a magia!», el hada empezó a olerla y Scarlett se echó para atrás. «Sí, sí, magia de tierra. Yo soy hada de tierra y aire, aunque ahora estoy haciendo un Máster de Hada Madrina por correspondencia en la Britechester Advanced Magic Academy… bueno, en realidad ya lo estoy finalizando…»

El hada se quedó callada. La cara de Scarlett era un poema…


Volvió a acercarse a Scarlett y la olió nuevamente.


«¡ODELGARDE!», gritó. «La muchacha huele también a magia de bruja. ¿Has sido tú?»


«Por supuesto que no», chilló la bruja


Scarlett estaba tiesa… ¿Ojos? ¿Qué tenían sus ojos? ¿Cómo que magia de bruja y de hada? Recordó a su madre diciéndole durante toda su vida que no debían contar a nadie que ambas podían hablar con los animales…


«No entiendo», logró decir. «¿Estoy embrujada? ¿Y qué tienen mis ojos? Son como los de mi papá…»


Erik permaneció en silencio. Scarlett era un actriz fenomenal…


«Entonces tu papá es un hada ¿no?», preguntó Síofra


«¡Por supuesto que no! Es… era… simhumano… normal»


Síofra sonrió, pero su cara era la viva expresión de ‘¡Ooooops!’


«Cariño… ¿de qué color son tus ojos?», el hada sonaba preocupada


«¡¿Pero no los ves?! ¡Son negros!», chilló nuestra chica


«Odelgarde, sirve de algo. Ven aquí. Esta muchacha está tonta o está embrujada o ambas»

La bruja se acercó a Scarlett, quien tenía una mezcla de emociones muy extraña: miedo, curiosidad, rabia…


Odelgarde la miró durante unos minutos… y Úrsula también, aunque de forma más disimulada.


A Erik se le pusieron los pelos de punta. ¿Sería posible? ¿En verdad no lo sabía? ¡Pero él la había visto hablar con el sapo! ¿Cómo no iba a saberlo?


«Scarlett, sí que tienes un hechizo… bueno, varios… Son para ocultar…», dijo la bruja después de pensarlo muy bien


«Yo… es que no entiendo… ¿Ocultar?»


«Tus ojos… Scarlett, tus ojos son color violeta. Puedo verlos claramente… Creo que no lo sabes, pero muchos seres sobrenaturales tenemos los ojos de colores inusuales»


Recordó que el melenudo se lo había dicho… ¿Eso quiere decir que Erik había visto sus ojos violeta? ¿Pero qué? ¡No, no! Esto no podía ser…


«Mi hermana y yo tenemos ojos verdes por nuestro padre, que era un simhumano sin más. Pero tú tienes ojos violeta… Los vi en cuanto te conocí, pero no le di importancia… No es la primera vez que veo a un simhumano con rasgos de seres sobrenaturales…», explicó Odelgarde

«¡¿Pero cómo voy a ser yo un hada…?! No tengo alas… ¿Cómo voy a estar hechizada?»


«Querida, las alas no hacen al hada», soltó Síofra. «Bueno, sí, pero no… pero sí»


«Lamento que te enteraras así… Los hechizos que tienes se llaman glamour. Básicamente hace que tanto tú como otros puedan ver lo que la persona que haga el hechizo quiera… en este caso sería que vieras tus ojos negros… y el resto de los simhumanos también ¿Quieres que te quite los hechizos?», preguntó Odelgarde preocupada


«¿Pero quién me hizo esto? ¿Por qué?», preguntó Scarlett más al aire que a alguien en particular. Pensó si decirles que hablaba con los animales… pero le dio miedo


Odelgarde se encogió de hombros.


«¿Cómo es que tú y ella pueden verlo? ¿No se supone que está oculto?», preguntó nuestra chica

«Para otros seres sobrenaturales es obvio… Sobre todo porque ese hechizo que tienes parece ser bastante antiguo. ¿Verdad, Odel?», dijo Úrsula


«Efectivamente»


Scarlett seguía sorprendida. No sabía qué hacer.


«Pero bueno, querida, no es el fin del mundo. Te prometo que tus ojos violeta son muy bonitos…», dijo la bruja verde


Nuestra querida, terca y aterrada Scarlett miró al melenudo. Estaba paralizado viendo todo el percal. Pensó en su madre… en su padre… en sus ovejas perrunas parlantes…


«Quítamelo, por favor», le pidió a Odelgarde

La bruja se puso en frente de ella. De su mano salieron luces y estrellas. Scarlett sintió cosquillas en todo el cuerpo y luego un frío terrible en la espalda…

«¿Estás bien?», preguntó Odelgarde


«Sí, sí… solo que tengo frío. ¡Necesito verme!»


«Debes esperar un poco a que haga efecto. Un glamour no desaparece al instante», explicó

Erik se llevó a Scarlett a un lado.


«¿Quieres que nos vayamos a casa?», le preguntó


«No… yo… es que no entiendo nada… ¿Tú… lo sabías, verdad? ¿Habías visto el color real…?»


«¡No!», se apresuró a decir. «No… es que a veces al sol parecía que tus ojos tenían toques morados… nada más»


Al fondo, Síofra decía a las brujas:


«Bueno… parece que mi trabajo aquí está hecho. ¿Quién me paga?»


«Tu trabajo aquí no ha ni empezado. Además… ¿no sé supone que las hadas madrinas no cobran a sus ahijados?», soltó Odelgarde


«JAJAJA, pero yo aún no me he graduado. Estoy en prácticas libres… Entonces, si no era confirmar que la muchacha era un hada… ¿QUÉ PLUMBOBS HAGO AQUÍ CUANDO PODRÍA ESTAR EN EL ARBUSTO CON EL ELFO?»


«Tendrás que hablarlo con el pelos allí presente, jajaja. Que ya veo que lo conoces…», comentó Úrsula, mientras reía

«¡Yo no hago tratos con traidores!», chilló el hada. «Me voy…»


«¿No tienes ni un poquito de curiosidad en saber lo que tiene que decirte el pelos?», preguntó Úrsula


«Además, el elfo ya se debe haber ido, querida», dijo Odelgarde


El hada suspiró.


«Me las vas a pagar, bruja. Y tú también, brócoli»

«Ve a hablar con el hada», le dijo Scarlett a Erik. «Aunque no sé qué tanto quiera escucharte…»


«Olvídate de Síofra. Voy a casa contigo. Sé que no estás bien»


«No, no quiero irme. Habla con el hada… vinimos a eso. ¿De qué la conoces?»


Erik suspiró. Esta muchacha no dejaba de hacer preguntas ni en el peor momento… y eso le encantaba.


«Parece que es la única hada del mundo. La conocí en Sulani cuando fui a visitar a Felberta. Jugamos un par de partidas de No despiertes a la llama. Le gané, pero ella se empeña en que hice trampa»


Scarlett soltó una sonrisa.


«¿Y fue así?», le preguntó en un susurro


Erik sonrió.


«¿Tú qué crees?»

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