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Caperucita y el detective - Capítulo 26

  • Foto del escritor: simmersomar
    simmersomar
  • 13 mar 2023
  • 10 Min. de lectura

Stella, nuestra llorosa baronesa, intentó levantarse, pero se tambaleó y cayó al suelo. Erik y Scarlett fueron a ayudarla, pero la pobre no podía moverse del sitio. Erik se sintió mal… la había tratado fatal…


«Respira un poco, que te va a dar algo…», le pidió Scarlett preocupada


«Lo siento… no sabía qué hacer. Pensé que nadie me creería si contaba lo de William. ¿Quién me iba a hacer caso a mí, la hija caída en desgracia de un deudor, estafador?», se lamentó Stella

«Cuéntanos bien qué fue lo que pasó. Es la única forma en la que podemos ayudarte», le dijo Erik


Stella tomó aire y empezó su historia:


«Conozco a Harold y a William de toda la vida. Harold era un niño caótico, gritón, siempre haciendo pillerías y riéndose. William era más calmado, pero también hacía pillerías, como su hermano, solo que siempre salía inocente. Cuando cumplí 12 años mi padre me mandó a estudiar fuera. Volvía cada verano y me reunía con Orella, quien siempre fue una buena amiga. También iba a los bailes de los reyes, junto a mi padre y mi madrastra»


«Eran bailes muy formales y siempre, por cortesía y protocolo, me tocaba bailar tanto con Harold como con William. Harold era un terrible bailarín, me pisaba y era bastante torpe. William, en cambio, era increíble, lleno de gracia y estilo. Prefería mil veces bailar con él…


Pero Harold me hacía reír con sus tonterías y siempre era agradable verlo…»


«Volví definitivamente a Windenburg en un frío invierno. Orella me invitó a una fiesta con sus amigos. Sería en el pueblo y en esas fiestas no había nobleza, así que, según ella, iríamos ‘encubiertos'»


«Yo no tenía muy claro quiénes eran esos amigos y ella dijo que mejor llevarme la sorpresa. Llegamos al punto de encuentro cerca de la taberna donde era la fiesta. Eran nada más y nada menos que Sanchia, la Vizcondesa de Batamanta, y Harold»


«Sanchia vino muy contenta a saludarme. Siempre había sido amable conmigo aunque nunca tuvimos una relación especialmente cercana»

«Harold también me dio un abrazo. Dijo que hoy por fin podría demostrar su verdadero talento como bailarín, nada de música aburrida y poses. Según él, había aprendido el rumbasim y me iba a quedar boquiabierta.


Estuve un rato en la fiesta, pero me agobié. No me gustan las aglomeraciones, por lo que decidí salir a tomar aire»

«De pronto una bola de nieve me dio en toda la espalda. Era Harold. Me había seguido…»


‘¿Qué pasa, Stella? ¡Pero si íbamos a bailar el rumbasim!’

«Tuvimos una pelea de bolas de nieve durante un rato. Yo era malísima y Harold no hacía más que reírse de mí»

«Finalmente me cansé de perder y lo declaré ganador absoluto. Nos sentamos en un banco y él empezó a hacer bromas. Me dijo que le encantaba que estuviese de vuelta definitivamente porque extrañaba ver mi cara de odio cada vez que me pisaba cuando bailábamos»


«Desde donde estábamos escuchábamos la música que tocaban en la taberna. Justamente empezaron con el rumbasim y Harold dijo que me iba a hacer una demostración del baile para que viera lo bueno que era…»




«Pero la famosa demostración no duró nada. Dio un mal paso y se cayó al suelo de la manera más estrepitosa posible. Yo no podía parar de reír… Él, exagerado como siempre, solo se quejaba del dolor…»


‘¡Necesito un médico! Es mi fin, Stella. ¡Me voy a quedar inválido! ¡Jamás podré demostrarte el rumbasim!’


‘Pero si ha sido una caída de nada…’


‘¡¿De nada?! Voy a cojear por el resto de mi vida’, se lamentaba

«No sé qué me pasó en ese momento, si fue el néctar que había bebido o qué, pero me levanté y le dije que sabía la cura perfecta…»

«Le di un beso…»


‘¡Uff! Aún me duele muchísimo… ¿Podrías volver a darme la cura?’, me dijo

«Volví a besarlo y esta vez sentí como si se detenía el tiempo. Me reía sola, no sabía por qué lo había hecho… de dónde había sacado el valor…»


‘Estoy feliz de que hayas vuelto’, me dijo

«En la taberna empezaron a tocar una canción lenta»


‘¿Bailas conmigo así no sea el rumbasim?’


‘¡Pero no me pises!’


«¡Pobrecito! Hizo todo lo posible por no pisarme y se puso a tararear la canción. Dijo que era de sus favoritas… que tal vez podría ser nuestra canción. Yo le dije que era un ridículo cursi»


«Desde ese día empezamos a vernos en secreto, todo muy casual. No queríamos que nadie lo supiera porque sabíamos que habría presión por parte de nuestros padres para formalizarlo… y sinceramente estábamos bien así, juntos, haciendo lo que queríamos. Solamente lo sabía Orella, pero porque se dio cuenta un día… Me dijo que estábamos raros que qué nos pasaba, que si esas miradas y luego entendió todo… No servía de nada negárselo»


«Estuvimos así un año… y aunque comenzó siendo una diversión, yo me enamoré de él…»

«Todo se complicó cuando un día mi padre llegó a casa muy contento. Había estado con los reyes y entre los tres habían acordado mi compromiso con William. El alma se me cayó al suelo… ¿Cómo podía ser? Le dije que no, que no me casaría con William, pero mi padre enfureció. Me dijo que yo sería la próxima reina de Windenburg y que no podía perder esa oportunidad…»


Nuevamente Stella se echó a llorar. Scarlett ya no sabía qué hacer para ayudarla…


«Le conté todo a Harold y acordamos que él hablaría con William, que le diría que realmente estábamos juntos. Confiaba en que a William no le importaría y nos ayudaría, ya que él le había confesado que no quería casarse conmigo… Los reyes se iban a ir de viaje y Harold pensó que era buena idea esperar a que estuvieran fuera. Así podría hablar con William con más calma y planear entre los dos cómo decírselo a sus padres», explicó Stella


«¿Sabes si William estaba viendo a otra mujer?», preguntó Erik


«Harold decía que sí. Lo había visto alguna vez con una chica rubia, pero no la conocía. Igualmente pensaba que no era nada serio. A mí poco me importaba. Sin embargo, al anunciarse el compromiso, William y yo tuvimos que ir de la mano hasta la Iglesia de Nuestra Señora Que Nos Controla para que bendijeran nuestro compromiso… Es una tradición de Windenburg cuando una pareja se compromete. Fue terrible… todo el pueblo allí… viéndonos»


Erik y Scarlett se miraron. ¿Chica rubia? Amarantha era pelirroja, según había dicho Sanchia…

Scarlett y Erik ayudaron a Stella a sentarse nuevamente en el sofá. La pobre seguía bastante angustiada.


«Stella… ¿Te dijo Harold alguna vez que los reyes querían que él heredara el trono en lugar de William?», preguntó Erik, aunque se imaginaba la respuesta


«Sí… sí… ¿Crees que por eso…? Harold nunca estuvo de acuerdo. Él no quería ser rey, y así se lo dijo a sus padres. Además, se suponía que William no sabía nada de eso, pero, claro, sería un secreto a voces… Justo después de eso anunciaron mi compromiso con William»


Erik suspiró… el William era una absoluta piltrafa.

«¿Qué pasó después?», continuó Scarlett. «¿Harold habló con William?»


«Nunca lo supe. La última vez que hablé con Harold me dijo que esa noche había quedado con su hermano para contarle todo. Los reyes ya estaban de viaje y William estaba a cargo de muchas cosas en su ausencia. Un par de días después se corrió la voz de que William había desaparecido… Intenté hablar con Harold, pero no quería ver a nadie. Me dolió que no quisiera recibirme a mí, pero asumí que estaba muy mal…», explicó Stella


«Y luego ‘Harold’ se fue de viaje ¿no?», dijo Erik


Stella asintió.


«La desaparición de William causó un revuelo impresionante. Windenburg se llenó de detectives y de personas que decían haberlo visto. Mi padre puso el grito en el cielo… ¿Qué sería del famoso compromiso? William desaparecido y Harold sufriendo la pérdida de su hermano, aislado del mundo y luego de viaje… Papá tenía la intención de hablar con los reyes para comprometerme con Harold y parte de mí estaba ilusionada, pero él se había ido sin siquiera decirme nada… No entendía su comportamiento», contó Stella

«A la vez me sentía como un objeto… como cualquier cosa… como si mi padre podía hacer conmigo lo que quisiera. Mi madrastra apoyaba la idea de que me casara con William, si aparecía, o con Harold en su defecto, pero convenció a papá de que esperara… Íbamos a quedar muy mal con los reyes. Lamentablemente papá murió y descubrimos todas las deudas y estafas que había hecho. Con razón estaba tan desesperado por casarme con cualquier príncipe… Lo perdimos todo…»

«Lo siento mucho, Stella», se lamentó Scarlett


«Cuéntanos lo del baile, por favor», pidió Erik


Stella tomó aire y siguió:


«Cuando ‘Harold’ volvió todo el mundo decía que era para quedarse, que ya no era una visita de pocos días como en los últimos años. Decían que los reyes se habían cansado de buscar a William y que finalmente coronarían a Harold como príncipe heredero. De pronto anunciaron el baile y supe que tenía que ir… tenía que verle, hablar con él… Parte de mí albergaba la esperanza de que me siguiera queriendo… Orella dijo que movería cielo y tierra para llevarme al baile de máscaras, pero luego recibimos la invitación. No quería que mi madrastra se enterara de nada, así que dije que no iba»

«Finalmente Orella y yo le contamos todo a Jerome. Él ayudó a convencer a mi madrastra de que me dejara en paz, que si no quería ir me quedara en casa tranquila. Ellos se fueron al baile. Orella fingió ante sus hermanos estar enferma, pero se vino a casa junto con el hada. Síofra, creo que se llama…»


«Le dijimos que nadie podía reconocerme y Orella dijo que tenía que ser la chica más impresionante del baile, que debía capturar la mirada de Harold, que tenía que ser excéntrica… y de allí la idea absurda de las zapatillas de cristal. Yo no me negué a nada. Solo quería ver a Harold y hablar con él, pero nadie debía reconocerme… El hada hizo su magia y yo estaba lista para el baile, aunque me advirtió que a medianoche todo volvería a la normalidad»


«Llegué al baile y reconocí a ‘Harold’ inmediatamente… Daba igual la máscara. Era él, obviamente. Pensé que era una señal del destino porque la orquesta empezó a tocar la que él decía era nuestra canción. Le pedí que bailáramos y fue taaaaan mágico… era como si estuviésemos solos. Como si no había nadie más en el mundo»


Scarlett y Erik se miraron y sonrieron ligeramente. Conocían perfectamente esa sensación…

«Fui tan estúpida», siguió Stella. «Era como si el tiempo no había pasado… ¡Al fin volvía a tenerle cerca! Estaba encantada con la famosa canción… y con él… Bailamos como nunca…»



«Y allí estaba yo como una estúpida… tararará tararararara tatararararará…», contó Stella y tarareó la canción con rabia


A Erik le pareció conocida. Si era una canción que tocaban en tabernas y en bailes de Reyes debía ser muy popular y seguramente la habría escuchado mil veces. No era bueno con la música, así que no recordaba el nombre…


Scarlett se quedó pensativa…

«En mi estúpida cabeza solo saltaron las alarmas cuando terminamos el baile y me dijo algo como ‘Señorita, es usted una magnífica bailarina’. Me encontré a mí misma diciéndole un: ‘Usted también’… cuando finalmente comprendí que era imposible. Harold tenía dos pies izquierdos… Me quedé desconcertada, pero me invitó a pasear por el jardín y me fui con él»

«Hablamos del baile, de la gente, de las máscaras que veíamos y nos inventamos historias de quiénes podían estar detrás… Me di cuenta de que no me había reconocido, o eso creo. Sinceramente se me hundió el corazón. Creo que me estaba negando a mí misma todo lo que veía raro…»


«Estaba nerviosa, así que me dije a mí misma que volvería a lanzarme… Lo besé, tal como había hecho aquel día de invierno. Ahora sí me tenía que reconocer…»


«Me di cuenta de todo con ese beso… Los pensamientos se acumularon en menos de un segundo… Lo bien que bailaba… el porqué no me había reconocido… Ni siquiera por mi voz… Ni la canción… Y ese beso tan diferente… Harold me hubiese pisado veinte veces y me hubiese reconocido hasta con una bolsa en la cabeza, Harold no se habría negado a verme cuando ‘William’ desapareció…»

«Me quedé atónita y simplemente hui. Corrí con todas mis fuerzas… Él venía detrás…»


«El reloj sonaba de fondo… era medianoche y el hechizo iba a desaparecer, y con él toda la parafernalia que llevaba puesta… Perdí la zapatilla y luego me rompí la mano con la otra… Afortunadamente William no pudo alcanzarme»


«Llegué a casa y le di muchas vueltas al asunto… Pasé días sin dormir. Creí que estaba exagerando… Tal vez Harold había aprendido a bailar en sus viajes. Tal vez nunca le había importado… tal vez fingía no reconocerme. Era yo la que estaba inventando que era William… es que no podía ser…»


«Orella y Jerome me preguntaron qué había pasado, qué por qué había huido así. Simplemente les dije que Harold no me había reconocido y que eso me había puesto muy mal. No quise contarles nada porque quería convencerme a mí misma de que estaba loca… De que no era William. También pensé que nadie me creería… La hija de un Barón estafador y deudor acusando al Príncipe Heredero… ¡De risa!»

«¡Vaya asqueroso desgraciado imbécil!», dijo Erik. «¿Sabes si él y Harold tuvieron algún problema?»


«No… al menos no antes de que Harold le contara de lo nuestro, si es que llegó a contárselo. Eran muy unidos y Harold hablaba de él con muchísima admiración… ¡Es que no lo puedo creer! ¡Harold! Seguramente está muerto», dijo Stella entre lágrimas


«No lo está… o no lo estaba hace un tiempo. Intentaron invocar su fantasma y no apareció», dijo Erik


«Ya, pero intentaban invocar al de William, obviamente no iba a aparecer», se lamentó la baronesa

Scarlett le preparó una infusión relajante a la llorosa Stella. La pobre no se podía ni mover y poco a poco se quedó dormida en el sofá.


No sé, el sapo, empezó a hacer otro intraducible «Croooooack», pero Scarlett le pidió que se callara y dejara dormir a la muchacha.

Scarlett se fue a su habitación. No podía dejar de pensar en todo lo que había contado la baronesa. Era terrible… Tampoco podía dejar de pensar en la canción… Ni en Erik. Si Stella no los hubiese interrumpido, tal vez estaría a su lado en este momento…


Sus pensamientos daban vueltas… ¿Será que William también estaba enamorado de Stella y mató a Harold cuando este le contó de su relación? ¿Dónde encajaba Amarantha en todo esto? ¿Y la chica rubia…? Tenía que ser… ¡Claro! ¡La Duquesa de Chickenlorn! Mañana iría a verla… tenía ya todo lo necesario… Aunque tenía la impresión de que poco iba a servir…

Erik cerró los ojos y trató de relajarse, pero estaba demasiado tenso. Recordó a Felberta cuando le decía que debía aprender a meditar y a controlar sus pensamientos… pero no podía. Todo lo que había contado Stella era horroroso… Si fuera por él iría directamente a romperle la cara al principejo…


No, debía actuar con inteligencia. Tampoco podía ir de buenas a primeras a golpear al imbécil y decirle a los reyes: «Hola, majestades. Ese de allí no es Harold, es William». Aunque se preguntó cuánto más tardarían los reyes en darse cuenta de que había algo raro en su hijo.


Resopló y pensó en la amante rubia de William… Síp, tenía que ser la Duquesa de Chickenlorn. O sea que habían estado ñiqui ñiqueando desde hacía años… ¿Y Amarantha? Sería una amante más del asqueroso príncipe…


Pensó en Scarlett y nuevamente en la interrupción de Stella… En parte se alegraba de haber hablado con la Baronesa, pero por otro lado… ¡Pffff!


Scarlett le había dicho tantas cosas. No podía evitar sonreír… Recordaba sus ojos brillantes, cómo lo miraba… Nadie lo había mirado así jamás.

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